El edificio del Casino una vergüenza y no se vislumbra solución

La patética y peligrosa situación del inmueble amerita una decisión que el Ejecutivo sigue demorando por inoperancia. El silencio cómplice del Concejo y las entidades intermedias

 

Las notas reflejando el calamitoso estado del edificio del complejo Casino y de la imperiosa necesidad de tomar una decisión fuerte, se han ido acumulando en las ediciones de Ecos Diarios de varios años a esta parte, sin sobrepasar los debates estériles, y cierta agitación por parte de los empleados de la sala de juegos ante un “inminente” cierre por falta de rentabilidad que no se concretó; el tiempo ha transcurrido con cierta indiferencia por parte de la comunidad en general. Y esa conducta ha abonado la inoperancia del gobierno municipal y la clase política.

De esta forma el obsoleto y abandonado lugar ha pasado a ser un gigante palomar, incluyendo enormes cantidades de estiércol acumuladas en todo su perímetro, producido por las aves que hacen sus nidos en los destrozados entretechos y marquesinas.

Con alambre, acorde a un gallinero, en vano se ha tratado de vedar, por razones de seguridad y para evitar más vandalismo, el ingreso a lo que fuera el teatro auditórium, galería de locales y área de bowling y cocina, baños y otras dependencias y cualquier otro sector del edificio, tal cual se puede apreciar en las fotos de la página 3, tomadas en la tarde de ayer, con libre acceso del fotógrafo de Ecos Diarios, que no necesitó de un guía para las imágenes, testigos de esta nota.

La situación de la edificación ubicada en un punto estratégico de la costa es, a esta altura de los acontecimientos irreversible. Sin interesados en invertir a la vista, pese a los falsos dichos de las autoridades en ese sentido, a simple vista la mejor solución sería demoler la obsoleta estructura, y posterior venta del millonario predio. Falta evidentemente decisión política y liderazgo, para dar el punto final a un “enfermo terminal”. Los románticos recuerdos de lo que fue, se dan de bruces con esta tormentosa realidad, no caben el sentimentalismo. A grandes males, grandes remedios.

El demorado despegue de la ciudad, con su desarrollo costero hacia el oeste, no puede esperar un día más. Y el sector donde hoy se emplazan las ruinas del Casino se constituye en el eje inicial de ese avance hacia un futuro que transforme el destino de Necochea.

Si se repasa el accionar del gobierno de Facundo López las palabras han superado ampliamente a las acciones. Consciente o no, la actual administración comunal ha propiciado este presente lamentable. Más allá que entre sus promesas de campaña para las recientes PASO presentara una “ambiciosa” propuesta a discutir para subastar el edificio y depositarlo en manos privadas. Y que, pese a lo anunciado, ni siquiera motorizó ante entidades intermedias para entusiasmarlas.

 

El letal efecto del abandono

Más allá de la opinión de profesionales acerca de la fortaleza de los pilares de la enorme estructura, lo que se necesita son millones de pesos, más que informes técnicos para luego no hacer nada. Lo que se ve es pésimo y peligroso por los desprendimientos de techos y demás material que se vienen produciendo.

Oxido, vidrios rotos, falta de barandas, grafitis de varios tamaños, yuyos con vía libre para crecer, objetos abandonados en las calles interiores y un inaguantable olor que emana del estiércol de los cientos de palomas que invaden el sitio, son las piezas de un rompecabezas parecido a una película de terror.

Aunque parezca exagerado, se agotan los adjetivos para describir el estado actual del edificio que se inaugurara en el año 1973. Hoy es un sitio que produce rechazo. Los necochenses ya estamos como acostumbrados a ver una ciudad con problemas endémicos. No así quienes nos visitan y preguntan en manos de quién está la comuna.

 

Yo, ¡argentino!

En el derrotero hacia el estado actual, se produjeron expresiones simpáticas, aunque rayanas con la estupidez, como lo fuera el abrazo simbólico de 1996, encabezado por el intendente de entonces, Julio Municoy. Se reclamó en dicha ocasión la reapertura de la sala de juego, cerrada temporariamente en medio de una situación tirante entre la Nación por entonces propietaria del complejo y la Provincia.

Salvo el “maquillaje” que se le diera a la edificación en la primera gestión de Daniel Molina, en el último intento por revertir el ocaso del complejo y que lamentable mente no surtió el efecto esperado, el devenir ha sido letal.

Desde el incendio que obligó a desmantelar un área superior de la edificación original, pasando por el descuido, falta de inversión y abandono, que por caso derivó en el derrumbe de la mampostería del auditórium y desprendimiento de barandas con un accidente incluido, el complejo se ha deslizado en un imaginario tobogán hacia el adefesio actual.

En todos estos años ha existido un manifiesto desentendimiento de quienes debieron sentar posición y reclamar por soluciones. Y en tal listado se cuenta, con la principal responsabilidad, a los gobernantes de turno; distintos cuerpos de concejales, y hasta del Entur que, como fogonero turístico de la ciudad debió haber alzado su voz para que no languideciera hasta el ocaso total del complejo.

En segundo orden se puede citar el llamativo silencio y falta de acciones por parte de entidades intermedias a las que les debería interesar la cuestión del edificio, colegios de profesionales e instituciones barriales, en especial la Junta Vecinal de la Villa Díaz Vélez, hoy más un “sello de goma” que un sector con inquietudes y preocupaciones por el avance de la ciudad.

También le cabe el sayo a Lotería y Casinos, que poco y nada ha hecho, lavándose las manos olímpicamente. Tanto que hoy no se justifica tenerlo, mucho más si no se les reincorpora las máquinas de apuestas retiradas años atrás, tras el incendio, porque el hormigón no soportaba el peso de estos equipos. Y en caso que se decida mantener la actividad lúdica, contemplando el “stato quo” de los empleados, es necesario sacarla de un lugar con un pésimo entorno.

El juego ya no es atractivo turístico, sería absurdo mantener esa postura en defensa del edificio.

Lo cierto es que, cada uno en su medida, todos han hecho “mutis por el foro”. Y las consecuencias de este desinterés están a la vista de todos. Lo acontecido alrededor del Casino es quizás la máxima expresión de porque Necochea no sale de su letargo. Un sueño largo que ha alejado a turistas e inversores y resentido enormemente nuestra economía, que han fugado para otros centros turísticos.

Ante el triste e inexplicable presente, la decisión debería pasar por la desaparición de estos pobres vestigios para darle un destino que reavive las esperanzas de una ciudad en la que todo sigue estando por hacerse.